viernes, 8 de junio de 2007

Let's get it on!

Desde hace mucho, hace tanto que no me acuerdo, he tenido un sentido del humor bastante especial, sarcástico, irónico y que muchas veces cae mal. También hay veces que digo cosas que no precisamente quería decir o que son malinterpretadas. Y como si no fuera suficiente mala suerte, mis víctimas son casi siempre mis amigas. El otro día le tiré una broma muy pesada a la Fabi, anda diciendo que soy terrible de weón y que está muy enojada conmigo. Apenas la vea vamos a conversar y le voy a decir que si le pasé una tarjeta de un motel debe haber sido de broma, como talla, ya que no me acuerdo porque andaba cocido como guagua, y también para que vaya con su pareja, como un dato, ya que siempre pasa que cuando se da la oportunidad muchas veces uno no sabe para donde ir.
Pero a diferencia de ella, mi gran (amor) amiga y reina de la ira, no sólo se enojó por cosas que escribí sin saber bien lo que escribía, sino que hace tres semanas me amenazó con pegarme (“te voy a sacar la cresta” dijo, para ser mas exactos). La mandé a la chucha, por que yo la he respetado más que nadie y no estoy dispuesto a aceptar ni sus amenazas ni sus chiquilladas de niña mimada, además de la rabia que me daría ser un weón golpeado.
Y después de pensarlo bastante, de haber soñado con ella momentos felices como si nada hubiese pasado, creo que quizás ambos estamos destinados a batirnos a duelo desde el primer momento que nos vimos, a luchar, a golpearnos, siendo que cada uno de nosotros siente algo en distinta medida por el otro. Creo que podríamos hacerlo con espadas, una láser para ella y una de Hatori Hanzo para mí, en un lugar desierto a la luz de la luna o en la azotea de una edificio bajo la lluvia. Aunque debo admitir que prefiero pelear con ella a mano limpia ya que me encanta tocarla, sobretodo sus mejillas, práctica que llevo a cabo tarde, mal y nunca. Si, batirme en combate es lo más intenso y sincero que podría obtener de ella y como tal, lo recibiría dichoso, cerrando de esa forma el ciclo. Sólo me queda prepararme para el final, el cual es aún insospechado ya que ambos somos dos dignos rivales que se merecen, que se desean, que deben golpearse con pasión para luego lamer las heridas del otro, bebiendo la sangre en éxtasis.

“Por eso le digo, señor abogado, no quiero defensa, prefiero morir.”
(Fragmento de una canción popular que escuché en un hogar de menores en La Serena, cantada por un niño cuyo nombre no me acuerdo)

1 comentario:

Gledwood dijo...

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vol 2