miércoles, 11 de abril de 2007
Se van
Tengo una amiga que perdió su papá hace como un mes y por lo que me dijo ya está mejor. Me hizo pensar sobre las muertes sobre las que he sabido, como por ejemplo una amiga de mi abuela, la Sra Laurita, que se cayo de la micro o la Sra Nena que vivía en Renca y a la salida de su casa, lo mismo y caput. Hay un compadre que era casado con una amiga y murió en un motel, no precisamente al lado de su señora, con un balazo en el pecho por celos. Hubo uno que se ahorcó con una sábana de un hotel a la vuelta de la oficina donde trabajaba, que incluso salió en la tele, colgando hacia la calle por la ventana. Hay un viejito que era vecino mío que murió envenenado. Y así la lista suma y sigue, y lo que queda es el cambio en las vidas de sus parientes, porque obvio que dejan un vacío en todos nosotros. Pero quizás que sentirán los familiares de alguien que se suicida, a quien le falta valor para hacer frente a los problemas pero tiene el coraje suficiente, efímero en todo caso, de empuñar un revolver y ponerlo en la sien, de sostener un cuchillo y cortar sus muñecas, de dar la llave del gas y acostarse como si nada, de saltar de la azotea del edificio al vacío, de devorar todas las pastillas del botiquín y pasarlas con vodka. Suena terrible no? Valor tan eterno como un suspiro, no perpetuado, arrojado al water sin tirar la cadena. Y para que hablar del egoísmo que encierra.
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