miércoles, 2 de mayo de 2007

Macdonal (o "Un lugar llamado Ya-Han")

Todavía me acuerdo cuando fui por primera vez. Llegué por casualidad un día sábado como a las 5 de la tarde, ya que funcionaba como café. Atendía una peruana que se robaba todos los piropos de la concurrencia al ser la única; pero aquella noche que me quedé para ver el show fue espectacular. Con mi hermano vimos el baile de la mina del pantalón con los colores de la bandera de Estados Unidos (la mejor que he visto ahí, hermosa, cuerpo perfecto y bailaba totalmente desnuda por fuera de la barra), la del body transparente desde el cuello a los tobillos y otras mas en esa constelación de estrellas de aquella noche sin luna.
Me perdí un tiempo, olvidando esas curvas, las sinuosidades de esos cuerpos y también el calor en esos ojos. Pero a través de los años, de cuando en cuando vuelvo, como esa vez que invité a unos amigos y vimos a una que se lanzaba de manera suicida contra el acero del poste, orbitando serena y dulcemente impúdica. Hubo otra vez que tarde en la noche, conversé durante mucho rato en la barra con una que bailaba pero que ese día estaba castigada. La que bailaba vestida de novia, la voluptuosa rubia de bikini que usaba lentes ópticos de marco negro, la del cigarrillo (jajaja, excelente show), las hermanas de Renca (la mayor es de una amigo que llamaremos Mike y que antes andaba con una peruana), la chica chúcara que calza siempre a un amigo de brazos cortos al que llamaremos Claude o la de bata negra transparente y peinado gótico.
Y en todos estos años siempre había ido para tomarme un schop de medio en la barra y fumarme un cigarrillo viendo el show. Pero la última vez le compré un trago a la gótica de chasquilla para que me invitara un beso, para tocarla con solo mirarnos y gastar mis manos en una caricia desesperada. Siempre pienso que ahí no hay nada de alegría, que las risas no se a que se deben y que a la mañana siguiente quizás todos nos sentimos igual de vacíos.
Ahora ha vuelto a funcionar como café en el día, seguimos yendo a disfrutar del momento con la hermandad sabiendo que lo necesitamos tanto como ellas, que lo bueno dura poco, que atesoraremos a aquellas bailarinas en nuestros sueños y que es mejor dejar los escrúpulos en la casa.
Se me olvidaba explicar lo del apodo. Es por la similitud con las hamburguesas: calientes, jugosas, las ves y se te hace agua la boca. Y también porque el Ya-Han es en esencia y estricto rigor un local de comida rápida: pagas, comes y te vas.

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